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La leyenda de la momia a la que nunca pudieron cerrarle los ojos
14 octubre, 2020

La historia de esta momia se da a partir de la incredulidad de un hombre, el cual pagó con su vida la manera en que se burló de una importante persona relacionada con el mundo de la religión.

La leyenda de la momia a la que nunca pudieron cerrarle los ojos

Cuenta la leyenda que hace muchos años atrás existió un sacerdote, al cual siempre se le podía ver usando su pesado hábito y calzando unos sencillos huaraches.

El querido sacerdote quien llevaba una vida de austeridad y sacrificio era muy noble y sencillo, solía ayudar a mucha gente humilde con los que en diversas ocasiones compartió la mesa.

Se dice que en una ocasión, mientras cruzaba por la Plaza del Baratillo en Guanajuato se topó con un hombre que era famoso por su incredulidad, el cual iba un poco pasado de copas y quien lo reto a tomarse una bebida con el de una forma burlona:

– Apuesto que usted, padrecito, no se atreve a tomar una copa conmigo.

A lo que el padre solo respondió de una forma muy educada:

– Gracias hijo y que Dios te perdone.

Posterior a esto, el sacerdote retomó su camino, sin embargo, el hombre al observar cómo se retiraba se percató que aquél varón con sotana no tocaba el piso, más bien iba flotando mientras se alejaba… Aunque pensó que se trataba de una reacción de la borrachera, posteriormente se dio cuenta que se trataba de un espíritu que iba levitando.

Pocos días después del misterioso suceso el hombre quien era minero sufrió un aparatoso accidente en una de las minas de la región y mientras agonizaba pidió ver a un sacerdote, pues el miedo a morir lo invadió en lo más profundo de su ser.

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Cuando por fin llegó el padre al lecho en donde aquél hombre se encontraba, este se confesó, pidiendo antes que nada perdón por sus pecados, pues argumentó se había burlado de un sacerdote.

La respuesta del hombre de sotana no fue la que aquél sujeto a punto de morir esperaba, pues le dijo que estaba perdonado porque aquél sacerdote del que se burló era el.

– Quedas perdonado hijo, ese padre al que intentaste ofender, soy yo…

El temor y la angustia hicieron que en ese momento el minero muriera, sin embargo, el miedo que sintió en su último suspiro se vio manifestado en la manera cómo quedó, sus grandes ojos desorbitados quedaron abiertos y nunca nadie los pudo cerrar.

Se dice que la momia de aquél hombre se encuentra en el cementerio de la capital del estado, en donde yace con los ojos aún abiertos y con la misma expresión de miedo con la que murió.

 

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